La noche anterior coloque los garbanzos en abundante agua y déjelos en remojo para que se ablanden.
A la mañana siguiente, enjuáguelos bien, frotándolos suavemente para desprender la piel.
Colóquelos en una cazuela de barro con tapa.
Añada la cebolla picada, el aceite de oliva, la hoja de laurel, sal y pimienta.
Llene la olla con agua. Es muy importante que haya suficiente para que los garbanzos queden completamente cubiertos.
Coloque la tapa y cocine a fuego lento durante aproximadamente seis horas.
Cuando esté listo, añada un poco de jugo de limón fresco para darle más sabor y sirva.

























































