La fortaleza otomana que marcó la historia de Pylos
El Niokastro domina de forma casi protectora la bahía de Navarino. Es un castillo donde literalmente se escribió la historia. Fue construido en 1573 por los otomanos, tras la batalla de Lepanto, para controlar la entrada sur de la bahía y la ruta marítima entre Oriente y Occidente.
A diferencia del Viejo Navarino (Paliokastro), el Niokastro fue diseñado desde el principio para la era de la artillería, con muros bajos y gruesos, baluartes de precisión geométrica y una ciudadela reforzada por un foso seco.
Pasó por manos de otomanos y venecianos, fue tomado durante la revuelta de Orlov (la fallida revolución griega de 1770), entregado a Ibrahim Pachá y, tras la batalla de Navarino en 1827, quedó vinculado definitivamente al nacimiento del estado griego moderno. Niokastro permaneció activo hasta el siglo XIX, cuando la moderna Pylos comenzó a desarrollarse fuera de sus murallas.
El recorrido por el castillo es sencillo y revelador. Por sus calles empedradas y baluartes se abre constantemente la vista hacia la bahía, mientras que en el interior destaca la iglesia de la Transfiguración del Salvador, una antigua mezquita otomana convertida en templo ortodoxo, con huellas visibles de las diferentes épocas.
En el recinto de Niokastro se encuentran también el Museo Arqueológico de Pylos y exposiciones de antigüedades submarinas que conectan el castillo con el mar que lo definió.
A diferencia del Viejo Navarino (Paliokastro), el Niokastro fue diseñado desde el principio para la era de la artillería, con muros bajos y gruesos, baluartes de precisión geométrica y una ciudadela reforzada por un foso seco.
Pasó por manos de otomanos y venecianos, fue tomado durante la revuelta de Orlov (la fallida revolución griega de 1770), entregado a Ibrahim Pachá y, tras la batalla de Navarino en 1827, quedó vinculado definitivamente al nacimiento del estado griego moderno. Niokastro permaneció activo hasta el siglo XIX, cuando la moderna Pylos comenzó a desarrollarse fuera de sus murallas.
El recorrido por el castillo es sencillo y revelador. Por sus calles empedradas y baluartes se abre constantemente la vista hacia la bahía, mientras que en el interior destaca la iglesia de la Transfiguración del Salvador, una antigua mezquita otomana convertida en templo ortodoxo, con huellas visibles de las diferentes épocas.
En el recinto de Niokastro se encuentran también el Museo Arqueológico de Pylos y exposiciones de antigüedades submarinas que conectan el castillo con el mar que lo definió.











































