Colinas de sal
Prepárate para contemplar uno de los paisajes más surrealistas y cautivadores de Grecia: montículos blancos de sal, como montañas nevadas junto al mar, y, no muy lejos, flamencos rosas. Estas son las salinas de Mesolongi (Alykes). Aquí, el ser humano y la naturaleza trabajan en armonía, dando forma a un lugar donde la cultura, la economía y la vida silvestre se encuentran.
La primera salina de Grecia se creó en Tourlida a finales del siglo XIX. Sin embargo, los habitantes de la zona ya recogían sal de las cavidades naturales, y parece que los venecianos transportaban sal desde aquí ya en el siglo XIV. Con el paso de los años, la laguna se formó a partir de los depósitos aluviales de los ríos que desembocan en Mesolongi. El suelo arcilloso resultante, naturalmente impermeable, era adecuado para la producción de sal, lo que condujo gradualmente a la creación de salinas organizadas.
Hoy en día, Mesolongi sigue estrechamente vinculada a este tesoro blanco y continúa produciendo alrededor del 70 % del suministro nacional de sal. Sus dos salinas están en funcionamiento de marzo a octubre y producen cientos de miles de toneladas de sal.
El agua de la laguna entra en las famosas “piletas”, es decir, en los estanques poco profundos, para evaporarse. En los bordes de estas piletas se forma una costra especial, llamada afrina, creada por el fuerte viento, que todavía se recoge a mano mediante métodos tradicionales.
En las salinas municipales de Tourlida —abiertas a los visitantes— también se encuentra el hermoso y dinámico Museo de la Sal, donde aprenderás todo sobre las salinas y la sal en general. También hay un observatorio que ofrece vistas panorámicas de las salinas, de los colores cambiantes en las “piletas”, de las montañas de sal y de las aves de la laguna. Verdaderas obras de arte creadas por el ser humano y la naturaleza.
La primera salina de Grecia se creó en Tourlida a finales del siglo XIX. Sin embargo, los habitantes de la zona ya recogían sal de las cavidades naturales, y parece que los venecianos transportaban sal desde aquí ya en el siglo XIV. Con el paso de los años, la laguna se formó a partir de los depósitos aluviales de los ríos que desembocan en Mesolongi. El suelo arcilloso resultante, naturalmente impermeable, era adecuado para la producción de sal, lo que condujo gradualmente a la creación de salinas organizadas.
Hoy en día, Mesolongi sigue estrechamente vinculada a este tesoro blanco y continúa produciendo alrededor del 70 % del suministro nacional de sal. Sus dos salinas están en funcionamiento de marzo a octubre y producen cientos de miles de toneladas de sal.
El agua de la laguna entra en las famosas “piletas”, es decir, en los estanques poco profundos, para evaporarse. En los bordes de estas piletas se forma una costra especial, llamada afrina, creada por el fuerte viento, que todavía se recoge a mano mediante métodos tradicionales.
En las salinas municipales de Tourlida —abiertas a los visitantes— también se encuentra el hermoso y dinámico Museo de la Sal, donde aprenderás todo sobre las salinas y la sal en general. También hay un observatorio que ofrece vistas panorámicas de las salinas, de los colores cambiantes en las “piletas”, de las montañas de sal y de las aves de la laguna. Verdaderas obras de arte creadas por el ser humano y la naturaleza.




















