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«El año pasado, ¡ay, el año pasado!, la mañana del Jueves Santo, después de volver de la iglesia, donde todos habían comulgado, la buena y próspera madre, aunque ya estaba en el séptimo mes de embarazo, se levantó y comenzó a pintar los huevos en la olla, con raíz, cinabrio y vinagre. Entonces empezaron a llegar a la puerta, de dos en dos, los niños del pueblo, con una alta cruz de caña coronada con una corona de rosas perfumadas y largas ramas rojas, con romero y flores silvestres de colores, con el papel del Crucificado arrancado del Octavo y colocado en el centro de la cruz, y con un pañuelo rojo, cantando la canción: ¿Ves aquella montaña con la bandera roja? Allí crucificaron a Cristo, el rey de todos.
«El año pasado, ¡ay, el año pasado!, la mañana del Jueves Santo, después de volver de la iglesia, donde todos habían comulgado, la buena y próspera madre, aunque ya estaba en el séptimo mes de embarazo, se levantó y comenzó a pintar los huevos en la olla, con raíz, cinabrio y vinagre. Entonces empezaron a llegar a la puerta, de dos en dos, los niños del pueblo, con una alta cruz de caña coronada con una corona de rosas perfumadas y largas ramas rojas, con romero y flores silvestres de colores, con el papel del Crucificado arrancado del Octavo y colocado en el centro de la cruz, y con un pañuelo rojo, cantando la canción: ¿Ves aquella montaña con la bandera roja? Allí crucificaron a Cristo, el rey de todos.
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