El pasaje emblemático de Creta
En el corazón de las Montañas Blancas, la garganta de Samariá se extiende a lo largo de aproximadamente trece kilómetros, desde Xylóskalo de Omalós hasta el pueblo costero de Agía Roúmeli. Es el cañón más grande y famoso de Creta, el núcleo del Parque Nacional de Samariá, que está protegido por la red Natura 2000. En sus escarpadas laderas vive el célebre íbice cretense, mientras dependiendo de la temporada, verá plantas endémicas que no existen en ningún otro lugar del mundo.
La entrada a la garganta está en Xylóskalo, a una altura de 1.200 m. y es accesible en autobús o coche desde la Canea. Desde allí puede comenzar el descenso hacia el mar, que dura entre 4 y 7 horas, con paradas intermedias.
La ruta pasa por el pueblo abandonado de Samariá y termina en las impresionantes Puertas, el punto más estrecho de la garganta, donde los acantilados verticales se elevan casi 500 metros, mientras que la distancia entre ellas es de solo tres metros. Durante todo el recorrido es importante respetar las medidas de seguridad y, si lo considera necesario, solicitar la compañía de un guía certificado.
El recorrido termina en el pueblo Agía Roúmeli, de donde el regreso solo se puede realizar en barco hacia Chora de Sfakiá o Suyia, ya que no hay acceso por carretera.
Si no desea cruzar la garganta entera, puede visitar Xylóskalo para la vista a las Montañas Blancas, o entrar desde Agía Roúmeli y andar una pequeña parte de esa hasta Afentis Christós, disfrutando de sus puntos más emblemáticos.
Ya sea que cruce todo el cañón o solo conozca una parte de él, la experiencia es una de las que le acompañará durante mucho tiempo.
La entrada a la garganta está en Xylóskalo, a una altura de 1.200 m. y es accesible en autobús o coche desde la Canea. Desde allí puede comenzar el descenso hacia el mar, que dura entre 4 y 7 horas, con paradas intermedias.
La ruta pasa por el pueblo abandonado de Samariá y termina en las impresionantes Puertas, el punto más estrecho de la garganta, donde los acantilados verticales se elevan casi 500 metros, mientras que la distancia entre ellas es de solo tres metros. Durante todo el recorrido es importante respetar las medidas de seguridad y, si lo considera necesario, solicitar la compañía de un guía certificado.
El recorrido termina en el pueblo Agía Roúmeli, de donde el regreso solo se puede realizar en barco hacia Chora de Sfakiá o Suyia, ya que no hay acceso por carretera.
Si no desea cruzar la garganta entera, puede visitar Xylóskalo para la vista a las Montañas Blancas, o entrar desde Agía Roúmeli y andar una pequeña parte de esa hasta Afentis Christós, disfrutando de sus puntos más emblemáticos.
Ya sea que cruce todo el cañón o solo conozca una parte de él, la experiencia es una de las que le acompañará durante mucho tiempo.























