Pueblos llenos de encanto cicládico
Paros no es solo sus playas. Son también los patios a la sombra, las plazas con jazmines, las pequeñas iglesias que resplandecen a la luz. Cada pueblo de la isla cuenta su propia historia, escrita con cal y tranquilidad.
Primera parada, Naoussa. Antiguo pueblo de pescadores, hoy uno de los destinos más elegantes del Egeo. Las barcas de pesca aún se mecen en el pequeño puerto con sus redes de colores, mientras que en las callejuelas florecen tiendas conceptuales, pequeñas bodegas y restaurantes que conservan el alma del lugar.
Frente a ella, Parikiá, la capital de la isla despliega un carácter diferente. Aquí destaca la Panagía Ekatontapylianí, uno de los monumentos bizantinos más importantes de Grecia, que, según la leyenda, tiene noventa y nueve puertas visibles y una secreta.
Siguiendo la carretera hacia el interior, llegará a Lefkes, el pueblo más montañoso y quizás el más romántico de Paros. Antiguamente fue la capital de la isla, construida de forma anfiteatral en medio de un bosque de pinos y olivos, con casas adornadas con geranios y estrechas callejuelas empedradas. Poco antes de llegar a Lefkes, se encontrará con el pueblo de Kostos, envuelto en la sombra de los olivos y en el silencio.
En el lado oriental, los pueblos de Márpisa, Prodromos y Agkariá recuerdan a pequeñas pinturas cicládicas. En Márpisa, verá patios tradicionales y estrechos pasajes que conducen a vistas inesperadas hacia el Egeo. En Pródromos, la entrada al pueblo se realiza a través de un arco de piedra, como si se trasladara a otra época.
Más al sur, Alykí combina el colorido de un pueblo pesquero con la tranquilidad de un lugar que aún vive del mar.
Primera parada, Naoussa. Antiguo pueblo de pescadores, hoy uno de los destinos más elegantes del Egeo. Las barcas de pesca aún se mecen en el pequeño puerto con sus redes de colores, mientras que en las callejuelas florecen tiendas conceptuales, pequeñas bodegas y restaurantes que conservan el alma del lugar.
Frente a ella, Parikiá, la capital de la isla despliega un carácter diferente. Aquí destaca la Panagía Ekatontapylianí, uno de los monumentos bizantinos más importantes de Grecia, que, según la leyenda, tiene noventa y nueve puertas visibles y una secreta.
Siguiendo la carretera hacia el interior, llegará a Lefkes, el pueblo más montañoso y quizás el más romántico de Paros. Antiguamente fue la capital de la isla, construida de forma anfiteatral en medio de un bosque de pinos y olivos, con casas adornadas con geranios y estrechas callejuelas empedradas. Poco antes de llegar a Lefkes, se encontrará con el pueblo de Kostos, envuelto en la sombra de los olivos y en el silencio.
En el lado oriental, los pueblos de Márpisa, Prodromos y Agkariá recuerdan a pequeñas pinturas cicládicas. En Márpisa, verá patios tradicionales y estrechos pasajes que conducen a vistas inesperadas hacia el Egeo. En Pródromos, la entrada al pueblo se realiza a través de un arco de piedra, como si se trasladara a otra época.
Más al sur, Alykí combina el colorido de un pueblo pesquero con la tranquilidad de un lugar que aún vive del mar.














