El barrio medieval que se convirtió en el alma de la Chora
En pleno centro de la Chora de la isla de Antiparos encontrará un vivo asentamiento medieval, el Castillo o Kastro, que es uno de los más bellos y mejor conservados ejemplos de arquitectura residencial medieval en las Cícladas. Kastro fue construido alrededor de 1440 por el noble veneciano Giovanni Loredán, después de su matrimonio con Maria Somaripa, con el fin de proteger a los habitantes de las frecuentes incursiones piratas que entonces asolaban el Egeo.
A diferencia de otras fortalezas isleñas, Kastro no fue una fortaleza militar sino un asentamiento fortificado. Las residencias se construyeron una al lado de la otra formando un recinto cuadrado, con un espacio interior común y una torre central en el medio, que funcionaba como observatorio y último recurso en caso de ataque. Inicialmente, contaba con 24 casas de dos plantas, construidas con piedra volcánica y cal, con pequeñas ventanas -por defensa- y escaleras de madera que conectaban los pisos.
La única entrada del conjunto, con su arco gótico típico, se encuentra en la parte sur y se conserva hasta nuestros días. Los callejones empedrados que conducen al interior crean un pequeño laberinto en el que se pueden ver vestigios de la estructura original del siglo XV: las cúpulas, los arcos de piedra, las vigas de madera y los patios interiores.
A lo largo de los siglos, Kastro se ha convertido en el núcleo de la Chora actual. El asentamiento sigue siendo habitado, por lo que se sugiere navegarse por las calles con respeto, mientras que a su alrededor encontrará tiendas, cafés y pequeñas galerías que dan vida al entorno histórico. El monumento es un testimonio silencioso de una era cuando el miedo por las incursiones piratas coexistía con la necesidad de la comunidad de vivir con seguridad y cohesión.
Se recomienda visitar Kastro a primera hora de la mañana o justo antes del atardecer y ver cómo los colores de la luz «pintan» las paredes encaladas. En la plaza de Chora, tendrá la oportunidad de probar el vino local o un postre de higo confitado - el llamado dulce de cucharra-, antes de continuar hasta el puerto o la Cueva de Agios Ioannis Spiliotis.
A diferencia de otras fortalezas isleñas, Kastro no fue una fortaleza militar sino un asentamiento fortificado. Las residencias se construyeron una al lado de la otra formando un recinto cuadrado, con un espacio interior común y una torre central en el medio, que funcionaba como observatorio y último recurso en caso de ataque. Inicialmente, contaba con 24 casas de dos plantas, construidas con piedra volcánica y cal, con pequeñas ventanas -por defensa- y escaleras de madera que conectaban los pisos.
La única entrada del conjunto, con su arco gótico típico, se encuentra en la parte sur y se conserva hasta nuestros días. Los callejones empedrados que conducen al interior crean un pequeño laberinto en el que se pueden ver vestigios de la estructura original del siglo XV: las cúpulas, los arcos de piedra, las vigas de madera y los patios interiores.
A lo largo de los siglos, Kastro se ha convertido en el núcleo de la Chora actual. El asentamiento sigue siendo habitado, por lo que se sugiere navegarse por las calles con respeto, mientras que a su alrededor encontrará tiendas, cafés y pequeñas galerías que dan vida al entorno histórico. El monumento es un testimonio silencioso de una era cuando el miedo por las incursiones piratas coexistía con la necesidad de la comunidad de vivir con seguridad y cohesión.
Se recomienda visitar Kastro a primera hora de la mañana o justo antes del atardecer y ver cómo los colores de la luz «pintan» las paredes encaladas. En la plaza de Chora, tendrá la oportunidad de probar el vino local o un postre de higo confitado - el llamado dulce de cucharra-, antes de continuar hasta el puerto o la Cueva de Agios Ioannis Spiliotis.